Tus ojos me miran como el primer día,
aunque la rutina muerda todavía.
No hay perfección en este amor que siento,
tus ojos, tu risa y mi paso lento.
Llevo mis sombras como un viejo abrigo,
tú las desnudas con tu aire tranquilo.
Melancolía que se vuelve canto,
llevo guitarra rota y un trago amargo.
A pesar de todo, aquí estamos,
con las costuras y el alma en hombros.
Ya no importa el miedo ni el pasado,
solo tu risa y mi fe de loco.
Las noches largas y el silencio apagado,
tu nombre escrito en mi cuaderno arrugado.
Nos faltan horas, nos sobran charlas.
Las noches ahora cantan, no digas nada.
Los días muerden, el miedo cansa.
En tu voz, mi alma descansa.
No importa el ruido, ni los días grises.
Los días contigo saben a viceversa.
A pesar de todo, aquí estamos,
con las costuras y el alma en hombros.
Ya no importa el miedo ni el pasado,
solo tu risa y mi fe de loco.
Y aunque el mundo se caiga a trozos,
seguiré.
Seguiré mirándote, loco.
Y no hay verdad más jodida ni más cierta,
que amar con tatuadas certezas.
Seguiremos, aunque duelan los años.
Con las costuras y el alma en brazos.
Ya no importa el miedo ni el pasado,
solo tu risa y mi fe de loco.
Y susurra…
Mírame igual de cerca.
Mi calma viceversa.
Letra y composición original —GILEIA
© 2025 —GILEIA.
Todos los derechos reservados.
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