Me jode vivir a base de “después”.
Mañana no llega —se llama hoy.
Dejarlo todo para luego —un ajuste, un paso, una frase pendiente, un gesto mínimo.
Devoras los días con la fantasía de que siempre vas a tiempo. Tampoco estás tan mal. Mañana lo miro.
Y mientras tanto, el goteo —una cisterna mal cerrada. Molesta a ratos, en los huecos, cuando baja el volumen de la casa.
Llega el primer gemido de la mañana, el bullicio, y el tac…tac…tac…
se disimula.
Pero sigue. Goteando, disfrazado. Sin arreglar.
Te sinceras ante el espejo y piensas —“vive como si fueras a morir mañana”.
Suena bien.
Desaparece.
Todos hemos oído ese cambio de tempo —de pronto, todo va un poco más despacio. No porque quieras. Porque el cuerpo firma.
Ese reflejo. Lo miras… y lo dejas en “recordatorio”.
Y aun así, mañana.
Balbuceas que vas a bajar el ritmo.
Que vas a escuchar de verdad.
Mentira.
33 rpm. “Cue” arriba.
El disco girando. La aguja en el aire.
Pagando la calma con aplazamiento.
Oyes, pero no escuchas.
Ves, pero no miras.
Apuestas, pero no arriesgas.
Has dopaminado el tempo, el ritmo, la melodía —pantallas, excusas, recompensas de saldo.
Has maquillado la conciencia y ni te has enterado.
Lo que pesa… sigue en el rincón.
Y por la noche vuelve el goteo. Cierras los ojos y te tragas el engaño.
La cisterna sigue goteando.
Mañana.
¿Es orgullo? ¿Vaguedad? ¿Egoísmo puro?
Quizá es el homenaje diario a lo fácil —rellenar tiempo con tiempo.
Sucio, sin gesto.
Comer sin hambre. Hablar sin mirar.
Lo que jode no es ignorar un día.
Lo brutal es seguir dejando pasar segundos como si no valieran nada. No tener los huevos de mirarte a los ojos y decir —espabila.
Has ajustado la coartada, pero no el ritmo.
Inviertes en pantallas con premios de coartada cruel.
Rutina fácil que firma el justificante y a seguir.
No apartas la mirada ni un micro-segundo de tu rutina inventada.
Te entretienen más los guiones ajenos porque no te piden cuentas.
Y el lema en neones de burdel —“Si no duermo mis 13 horitas no soy persona”.
Suena un segundo… y cuando vas, ya saltó el siguiente episodio.
Las señales no vienen con trompetas. Vienen con un gesto que no haces.
Con una frase que se queda en la garganta.
Con ese segundo que te pilla con el móvil en la mano y el alma fuera de cobertura.
Y lo demás ya lo sabes —dudas, mierda, automático.
Bullshit.
Mañana abres los ojos con otro capítulo en la cola,
Con otro “like” mental, para seguir “funcionando”.
Lo que no está es el segundo que malgastas sin que el gesto ocurra.
No es tragedia —el tiempo se va gastando, por dentro, sin algoritmos, la cuerda ya no tensa igual.
Dicen. Funciona así porque somos así.
Mis cojones.
Coge ese segundo.
No lo dejes en segundo plano.
Prefiero dormilar el día que escuchar tac…tac…tac esta noche.
No es hacer ruido.
Es hacer el gesto.
Seguimos
—GILEIA
© 2025 —GILEIA.
Todos los derechos reservados.
Deja una respuesta