• Acechas en mis pasos,
    te escondes en mi voz,
    cuando cierro las ventanas
    y el silencio me traiciona.

    Las calles me recuerdan,
    los bares sin calor,
    cada espejo me devuelve
    la derrota en mi canción.

    Mis gafas se empañan,
    me pierdo en el cristal,
    cuando intento dar un paso
    y solo crece la distancia.

    Carteles que se apagan,
    farolas sin brillar,
    cada sombra me señala
    que el cabrón vuelve a mandar.

    Puta sombra sin valor,
    me mordías la calma,
    serpiente con tu voz.

    Te arranqué el veneno,
    me quedé con la rabia.
    Ruido…
    ahora mando yo.

    El humo de mis días
    me cubre sin razón,
    cuando intento respirar
    y me retumba la conciencia.

    Las cartas nunca escritas,
    los trenes sin vagón,
    cada herida me recuerda
    que también soy mi prisión.

    Puta sombra sin valor,
    me mordías la calma,
    serpiente con tu voz.

    Te arranqué el veneno,
    me quedé con la rabia.
    Ruido…
    ahora decido yo.

    Hoy le pongo nombre al miedo,
    ya no me va a callar,
    le arranco las cadenas,
    es mi turno de cantar.

    La herida me sostiene,
    la rabia es mi motor,
    ese ruido se derrumba
    porque el dueño ahora soy yo.

    Sombra vieja sin valor,
    me mordías la calma,
    serpiente con tu voz.

    Te arranqué el veneno,
    me quedé con la rabia.

    Ruido…
    ahora mando yo.

    Ruido…
    Ruido...
    ahora mando yo.

    Ya no cantas…
    Ruido.
    Ya no bailas…
    Ruido.
    Ya no mandas…
    Ruido.

    Ruido…
    ahora mando yo.


    Letra y composición original —GILEIA
    © 2025 —GILEIA.
    Todos los derechos reservados.
  • Tenía ese modo de ir por detrás,
    como quien camina sin molestar.
    No dejaba pistas, nada especial,
    pero su manera se quedaba un rato.

    Hay quien nace un poco cansado,
    y aun así avanza sin preguntar.
    No buscaba excusas para quedarse,
    solo un día limpio para respirar.

    Y quedó lo que quedó,
    medio claro, medio raro.
    Un reflejo que aparece
    cuando el mundo baja el paso.
    No cambió ninguna historia,
    pero dejó algo andando.
    Y quedó lo que quedó,
    y con eso voy tirando.

    A ratos firme, a ratos casi aire,
    una mezcla extraña de bien y mal.
    No buscaba centro ni escenario,
    solo un hueco simple para descansar.

    Su vida fue días puestos al tuntún,
    sin despedidas, sin gran final.
    Nada de vitrinas, nada de aplausos,
    solo una bajada de luz natural.

    Y quedó lo que quedó,
    medio claro, medio raro.
    Un reflejo que aparece
    cuando el mundo baja el paso.
    No cambió ninguna historia,
    pero dejó algo andando.
    Y quedó lo que quedó,
    y con eso voy tirando.

    Hay calles que guardan cosas mudas,
    portales que miran sin preguntar.
    Fotos que nunca llegué a tirar,
    pero aún me siguen por la ciudad.
    Sombras que pasan sin hacer daño,
    y aun así te acaban de acompañar.

    Y quedó lo que quedó,
    medio claro, medio raro.
    Un reflejo que aparece
    cuando el mundo baja el paso.
    No cambió ninguna historia,
    pero dejó algo andando.
    Y quedó lo que quedó,
    y así sigo caminando.

    Se va la noche y queda el trazo,
    pequeño, tibio, algo humano.
    Y quedó lo que quedó,
    y ya vale con nombrarlo.

    …quedó lo que quedó,
    y con eso basta por hoy.

    Letra y composición original —GILEIA
    © 2025 —GILEIA.
    Todos los derechos reservados.
  • Cargaba días como piedras
    que nadie me pidió llevar
    Me acostumbré a mis propias grietas
    las dejé crecer sin avisar
    Fui sumando golpes a destiempo
    tragando ruidos sin filtrar
    y el corazón se hizo pequeño
    de tanto aprender a encajar

    Me hice experto en dar la vuelta
    para no verme naufragar
    poniendo humor donde dolía
    dejando asuntos sin cerrar
    Guardé silencios que quemaban
    pedí perdón por respirar
    y los abrazos que faltaban
    los cambié por no molestar

    Y en cada paso que fingía
    mi sombra quiso avisar
    no fueron otros los que herían
    era mi forma de aguantar

    Nunca aprendí a restar
    solo a sumar lo que me rompía
    A conservar en la piel
    las cuentas que nadie veía
    Nunca aprendí a restar
    me quedé atrapado en mi propia aritmética
    Y ahora intento borrar
    lo que me dejó sin brillo la vida

    Me di la vuelta a mis fantasmas
    les puse nombres sin pensar
    Cada caída trae su deuda
    y yo las quise amortizar
    Pero el pasado no perdona
    cuando lo intentas disimular
    si no te curas las esquinas
    se te clava al caminar

    Y en el reflejo de mi cara
    escuché sin preguntar
    no hay enemigo allá afuera
    todo empezó en tu forma de mirar

    Nunca aprendí a restar
    solo a sumar lo que me rompía
    A conservar en la piel
    las cuentas que nadie veía
    Nunca aprendí a restar
    me quedé atrapado en mi propia aritmética
    Y ahora intento borrar
    lo que me dejó sin brillo la vida

    Si me preguntan por qué duele
    no sé por dónde empezar
    Quizás el fallo estuvo siempre
    en no aprender a soltar

    Nunca aprendí a restar
    pero hoy dejé caer la última herida
    Y aunque me cueste mirar
    sé que esta vez la suma no me domina
    Nunca aprendí a restar…
    pero algo empieza a aflojar

    Letra y composición original —GILEIA
    © 2025 —GILEIA.
    Todos los derechos reservados.
  • La amistad de papel se rasgó con el viento,
    tus palabras vacías,
    un falso juramento.
    Un barato vendedor de humo,
    sin talento.
    Silencio en la sala,
    la verdad se esconde,
    un eco vacío.

    Humo barato,
    lo vendes bien.
    Pero el alma sabe
    quién es quién.

    No hay rencor,
    pero tampoco hay vuelta.
    Cobarde en el silencio,
    la lección está suelta.
    Valores que quemaste,
    hermandad que quebraste.
    Confianza en cenizas,
    todo lo que abrazaste.

    Mentiras tejidas en hilos de dolor,
    traición que cortó como un filo sin honor.
    Silencio tan fuerte,
    me grita al interior.
    Promesas donde
    la amistad murió en un rincón.
    Cobarde el gesto.

    Humo barato,
    lo vendes bien.
    Pero el alma sabe
    quién es quién.

    No hay rencor,
    pero tampoco hay vuelta.
    Cobarde en el silencio,
    la lección está suelta.
    Valores que quemaste,
    hermandad que quebraste.
    Confianza en cenizas,
    todo lo que abrazaste.

    Barato vendedor de humo,
    te desvaneces.
    Cobarde en tu reflejo,
    ya no apareces.
    El valor no se compra,
    ni el respeto se finge.
    En el juego de la vida,
    la verdad siempre sigue.

    Eras eco de promesas,
    ahora solo ruido.
    Una sombra que se pierde,
    un camino torcido.
    De la hermandad a la nada,
    todo se ha rendido.

    No hay rencor,
    solo cicatriz abierta.
    El silencio no me asusta,
    la lección ya despierta.
    Valores que perdiste,
    ya no duelen ni pesan.
    La confianza fue humo,
    y el abrazo... se dispersa.

    Cobarde, calla,
    no miras atrás.
    El peso del silencio
    te alcanzará.
    Los valores perdidos,
    enterrados están,
    en un campo de espinas
    donde no encontrarás paz.

    Letra y composición original —GILEIA
    © 2025 —GILEIA.
    Todos los derechos reservados.
  • Viceversa

    Tus ojos me miran como el primer día,
    aunque la rutina muerda todavía.
    No hay perfección en este amor que siento,
    tus ojos, tu risa y mi paso lento.

    Llevo mis sombras como un viejo abrigo,
    tú las desnudas con tu aire tranquilo.
    Melancolía que se vuelve canto,
    llevo guitarra rota y un trago amargo.

    A pesar de todo, aquí estamos,
    con las costuras y el alma en hombros.
    Ya no importa el miedo ni el pasado,
    solo tu risa y mi fe de loco.

    Las noches largas y el silencio apagado,
    tu nombre escrito en mi cuaderno arrugado.
    Nos faltan horas, nos sobran charlas.
    Las noches ahora cantan, no digas nada.

    Los días muerden, el miedo cansa.
    En tu voz, mi alma descansa.
    No importa el ruido, ni los días grises.
    Los días contigo saben a viceversa.

    A pesar de todo, aquí estamos,
    con las costuras y el alma en hombros.
    Ya no importa el miedo ni el pasado,
    solo tu risa y mi fe de loco.

    Y aunque el mundo se caiga a trozos,
    seguiré.
    Seguiré mirándote, loco.
    Y no hay verdad más jodida ni más cierta,
    que amar con tatuadas certezas.

    Seguiremos, aunque duelan los años.
    Con las costuras y el alma en brazos.
    Ya no importa el miedo ni el pasado,
    solo tu risa y mi fe de loco.

    Y susurra…

    Mírame igual de cerca.
    Mi calma viceversa.

    Letra y composición original —GILEIA
    © 2025 —GILEIA.
    Todos los derechos reservados.